Navarros Ilustres

Personajes ilustres en la historia de Navarra

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José Lázaro Galdiano

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José Lázaro Galdiano

José Lázaro Galdiano

José Lázaro Galdiano (n. Beire, 30 de enero de 1862 – † Madrid, 1 de diciembre de 1947). Jurisconsulto, editor y coleccionista de arte.

Cursó los estudios jurídicos. Fue miembro del Ateneo de Madrid y entre los años 1912-18 un miembro muy activo del patronato del Museo del Prado y llevó a cabo una importante actividad en defensa de la institución. Fue secretario de Castelar.

En Barcelona, en donde vivía desde 1880, participó en la comisión encargada de la exposición artística de la Exposición Universal de 1888 en la que conoció a la escritora Emilia Pardo Bazán, (1851-1921) con quien estableció una relación de amistad que le facilitó posteriormente la entrada en los círculos intelectuales madrileños. La escritora le dedicó su novela Insolación (1889).

Su figura destaca también entre los columnistas defensores del patrimonio artístico español, centrando su actividad en la recuperación de obras que habían salido de nuestras fronteras y oponiéndose con firmeza al expolio.

Su solicitud para ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando no fue aceptada, respondiéndole el conde de Romanones, entonces presidente de la Academia, además de Presidente del Consejo de Ministros: “Pero usted, don José, ¿para qué quiere ser académico?”.

José Lázaro se instaló en Madrid en 1888, en donde vivió primero en la Cuesta de Santo Domingo, en una vivienda que pronto convirtió en un auténtico museo. En 1903 se casó con Paula Florido y Toledo (Argentina 1856-Madrid, 1932), que había enviudado anteriormente en tres ocasiones y que compartía con su marido la pasión por el coleccionismo, aportando su conocimiento del mercado del arte internacional.

La importante fortuna económica de ambos cónyuges les permitió la construcción del palacete de Parque Florido, de estilo neorrenacentista que decoraron con esmero y que se convirtió en la sede de su creciente colección.

Después del fallecimiento de su esposa en 1932, antecedido por el de dos de sus hijastros, José Lázaro, se recluyó mucho a nivel social, si bien continuó coleccionando con obsesión. Pasó los años de la Guerra Civil Española en el exilio, primero en París y luego en Nueva York, en donde continuó coleccionando obras de arte.

Volvió a Madrid terminada la guerra, falleciendo en 1947. Legó su colección al Estado español, creándose la Fundación que lleva su nombre. En 1951 se inauguró en su palacete de Parque Florido, el Museo Lázaro Galdiano (calle Serrano 122, Madrid), después de unas reformas de adecuación dirigidas por Fernando Chueca Goitia.

Editor

Ya desde joven Lázaro Galdiano colaboró en prensa, por ejemplo como crítico de arte en el periódico La Vanguardia de Barcelona, o en El Imparcial o El Liberal de Madrid, medios en los que continuó escribiendo sobre arte, cultura, política y de la necesidad de proteger el patrimonio cultural español.

Creó una Biblioteca de Jurisprudencia donde daba a conocer sentencias de interés social y humano, con temas de Historia y Filosofía. En el terreno de las revistas fundó la Nueva Ciencia Jurídica, en la que desarrolló progresivos postulados procesales. Publicó también la Revista Internacional.

En 1889, residiendo ya en Madrid, fundó la editorial La España Moderna (1889-1914) y la revista literaria del mismo nombre, con el propósito de elevar el nivel cultural de sus lectores, que constituye la culminación de su obra periodística. En la revista colaboraron firmas de los escritores españoles de la generación del 98 como Emilia Pardo Bazán -quien influyó notablemente en el impulso de esta publicación-, Unamuno, Echegaray, Clarín, Palacio Valdés, Zorrilla, Pérez Galdós oMenéndez y Pelayo, políticos y pensadores como Giner de los Ríos, Silvela, Cánovas y Pi y Margall.

También se publicaron en la revista, en muchas ocasiones por primera vez en español, obras de escritores extranjeros como Dostoievsky, Tolstoi, Balzac, Daudet, Flaubert, Gorki y Zola, por ejemplo.

La editorial editó, además de centenares de títulos literarios, otras revistas más especializadas como La Revista InternacionalRevista de Derecho y Sociología y La Nueva Ciencia Jurídica que, como La España Moderna pretendían mejorar el acceso de los lectores españoles a lo más interesante de la ciencia y las letras.

No respondía al molde clásico de prensa ideologizada, sino que con perspectiva cultural amplia servía para analizar entonces los temas sociales y políticos. La revista era mensual.

Coleccionista

Fue quizás su faceta como coleccionista y crítico de arte, la que le ha hecho más célebre. A su muerte en 1947 disponía de una de las mejores colecciones de arte del mundo entero y, en España, la segunda en valor después del conjunto del Museo del Prado.

Las colecciones que fue reuniendo José Lázaro a lo largo de su vida incluyen unas 12.600 piezas de los géneros artísticos más diversos, siempre dentro del arte clásico (Lázaro no coleccionó arte de su tiempo) y muy centrado en el arte español, cuyo patrimonio luchó por mantener en España, frente a la importante presión de coleccionistas y museos internacionales.

En esta faceta de promotor de la conservación del arte español, mantiene un interesante paralelismo con el coleccionista norteamericano Archer Huntington, fundador de la Hispanic Society de Nueva York.

Destaca su excelente pinacoteca con más de 750 pinturas en la que sobresale la representación de pintura española con autores que abarcan desde el Renacimiento hasta el Romanticismo como: Pedro Berruguete, Zurbarán, Ribera, Murillo, Velázquez, Claudio Coello, Goya (de quién la colección es una referencia muy relevante), Leonardo Alenza… y en la que la colección de tablas góticas y del primer renacimiento español puede considerarse entre las mejores del mundo.

La colección de pintura incluye también una interesante representación de la escuela inglesa:  Gainsborough, Reynolds, Constable y Allan Ramsay… así como de los primitivos flamencos y alemanes, con obras tan importantes como Meditaciones de San Juan Bautista de El Bosco.

Una de las pinturas más singulares de la pinacoteca es el cuadro anónimo renacentista El salvador adolescente, que aunque actualmente es atribuido a uno de sus discípulos, pasó durante muchos años por ser la única pintura de Leonardo da Vinci en España.

Se constituyó por deseo expreso suyo una fundación y, con el impulso de varios expertos y la dirección de Camón Aznar, se fundieron las principales remesas, sobre todo las obras procedentes de Nueva York, ciudad en la que vivió. Su espíritu austero, la fortuna de su mujer fallecida y el acierto en la adquisición de ejemplares valiosos fueron las claves del éxito en una empresa sin precedentes.

Su faceta de bibliófilo se refleja en piezas notables de su biblioteca, como el incunable L´Antiquité Judaique de Flavio Josefo, fechada entre 1460 y 1470, el Libro de horas de Gian Giacomo Trivulzio, obra milanesa de hacia 1500, o el Tratado de la Pintura Sabia de Fray Juan Ricci, sin olvidar una de las joyas bibliográficas que reunió: el Libro de descripción de verdaderos Retratos, de Ilustres y Memorables varones, manuscrito autógrafo de Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez y uno de los grandes teóricos españoles del siglo XVI.

Hay que señalar que a su excelente biblioteca añadió alrededor de mil libros de la de su gran amigo Antonio Cánovas del Castillo, que adquirió tras el asesinato de éste, en 1897, así como su archivo.

También son importantes las colecciones de esculturas y otras artes decorativas como esmaltes, marfiles, orfebrería, bronces antiguos y renacentistas, joyas, armaduras, muebles, cerámicas y cristalería.

Al no tener hijos se especuló con el destino de tal imperio artístico pero su deseo y la acción del Estado que ofreció ventajas y limitó obstáculos hicieron realidad primero la fundación y después el Museo asentado en “Parque Florido” de Madrid, según proyecto de Chueca Goitia.

La colección contiene esmaltes comprados a la Unión Soviética, las alhajas de Cellini adquiridas a Rotschild; diversas colecciones de armas históricas; tapices; pinturas de El Greco, Zurbarán, Velázquez, Goya, Murillo, Ribera, Sánchez Coello, Valdés Leal, Claudio Coello, Antolínez, Madrazo, Vicente López, Paret, Lucas… De autores extranjeros destacan: Van Eyck, Isenbrandt, Memling, Van Dyck por la escuela flamenca; en la holandesa, Rembrandt, El Bosco, Moro. De Italia cabe reseñar a Leonardo da Vinci, Magnasco, Guardie y Tiépolo. También están presentes autores ingleses como Reynolds, Lawrence y Constable.
El Museo Lázaro Galdiano consta de treinta y siete salas y fue inaugurado el 27 de enero de 1951.

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Written by Albergues del Camino

agosto 27, 2011 at 2:51 pm

Martín de Azpilicueta

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Martín de Azpilicueta Jaureguízar (o Azpilcueta, o Aspilcueta, o Azpilkueta) (n. Barásoain, 13 de diciembre de 1492 – † Roma, 21 de junio de 1586). «Doctor navarrus». Uno de los más importantes intelectuales de su tiempo.

Nació en el seno de una familia agramontesa de origen baztanés. Hijo de Martín de Azpilcueta y de María de Jaureguízar, oriundos de los palacios de sus apellidos situados en el Valle de Baztán.

Biografía

Retrato de Martín de Azpilcueta

En 1509 inicia estudios de Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, fundada entonces por el Cardenal Cisneros, donde permaneció durante 4 años. Graduado en ambas ciencias, cursó después Derecho Canónico en la Universidad de Toulouse, la más famosa en aquel tiempo para el estudio de esta disciplina.

Obtuvo la cátedra de Cánones de dicha Universidad a la edad de 26 años, donde impartió clases, así como en la Universidad de Cahors.

Durante su estancia en Toulouse se ordenó sacerdote, regresando a Navarra en 1523, a pesar de las ofertas recibidas para permanecer en la Universidad de Toulouse. En el viaje de vuelta, se detuvo en Roncesvalles, cuyo prior era en aquel momento Francisco de Navarra, donde tomó el hábito de de la Orden de Canónigos Regulares de San Agustín cuando contaba 30 años de edad.

En compañía del prior de Roncesvalles pasó a la Universidad de Salamanca en 1524. Estando en Salamanca, y aún antes de obtener en ella cátedra alguna, fue promovido por Carlos V a una plaza en el Consejo Real de Navarra y le concedió también una canonjía en la Catedral de Pamplona, aunque rehusó ambos cargos. En Salamanca se vio obligado a doctorarse de nuevo en Cánones, pues esta Universidad no aceptaba los grados obtenidos en otras.

Fue catedrático en Salamanca durante de catorce años, en el transcurso de los cuales asistió en cierta ocasión a escucharle el emperador Carlos V, ante el cual disertó acerca del origen democrático del poder.

Formó discípulos, entre los que se cuentan Diego de Covarrubias (1512-1577), el jurisconsulto portugués Arias Pinelo, Francisco Sarmiento y Pedro Deza (1526-1600)

Retrato de Martín de Azpilcueta

Retrato de Martín de Azpilcueta

Por orden del emperador pasó a la Universidad de Coímbra (Portugal), recién fundada por los monarcas portugueses. Una vez allí, el rey Juan III le concedió en 1538 la cátedra de Prima de Cánones y una renta anual de ochocientos cincuenta ducados, además de una chantría en la Catedral de aquella ciudad.

Durante su estancia en Coimbra, además de su actividad docente, ejerció influencia en la vida pública portuguesa como consejero y confesor de personalidades ilustres. Fue consultado acerca de diversos asuntos por los tribunales de la Inquisición y se le quiso dar un obispado, lo cual rehusó. Y después de dieciséis años de docencia en aquella Universidad, determinó abandonar aquel reino para emplearse en el estudio y en las tareas necesarias para la publicación de sus obras.

Después de jubilarse en 1555, regresó a Navarra para acoger a tres sobrinas suyas huérfanas. En su viaje se detuvo en Valladolid, donde la princesa regente Juana le encargó la visita de dos monasterios. Uno de ellos era el de San Isidoro de León, que ya había visitado veinte años atrás. En esta ocasión se le encomendó dar solución a las diferencias que los religiosos del monasterio tenían con su abad, cumpliendo dicho cometido con gran prudencia.

Ya anciano, en 1577, fue enviado por Felipe II a Roma, donde permanecería hasta su muerte, para encargarse de la defensa del también navarro Bartolomé de Carranza, Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de España, acusado de herejía ante el tribunal de la Inquisición. Concluido el largo y complejo proceso durante el pontificado del Papa Pío V, y gracias a la brillante defensa del Doctor Navarrus, Carranza, que iba a morir poco después de conocer la sentencia, fue al fin absuelto de los cargos que se le imputaban.

Junto con el trabajo que requería la defensa del Arzobispo de Toledo, y la edición en latín de muchas de sus obras, ingresó como consultor en el Supremo Tribunal de la Penitenciaría, a propuesta de Pío V y de Carlos Borromeo. Fue también muy estimado por los pontífices Gregorio XIII y Sixto V, quienes acudieron con frecuencia a Martín de Azpilcueta en busca de consejo acerca de materias muy diversas.

Una vez fallecido, conforme a su voluntad, fue sepultado en la iglesia de San Antonio de los Portugueses de dicha ciudad.

Pensamiento

Casa natal de Martín de Azpilcueta en Barásoain

Casa natal de Martín de Azpilcueta en Barásoain

Considerado a la vez como teólogo, jurisconsulto y economista. Autor de numerosos ensayos. Perteneció a la llamada “Escuela de Salamanca” junto con otros jesuitas, dominicos y franciscanos, muy anteriores a los fundadores de la Economía Clásica (Gran Bretaña, siglo XVIII, Adam Smith y sus seguidores, entre otros), que se tienen generalmente como iniciadores de la economía moderna, sin serlo.

Se ocupó de los efectos económicos de la llegada de metales preciosos de América, siendo precursor de la “teoría cuantitativa del dinero”; hizo notar la diferencia existente entre la capacidad adquisitiva del dinero en los distintos países según la abundancia o escasez de metales preciosos que hubiera en ellos. Define lo que se llamó la teoría del valor-escasez en los siguientes términos: “Toda mercancía se hace más cara cuando su demanda es más fuerte y su oferta escasea”.

También hizo una de las primeras exposiciones del concepto de la preferencia temporal, es decir, que a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se valorarán más que los bienes futuros. Esta idea está en la base del concepto de interés de la Escuela Austríaca, que lo considera uno de sus precursores. Defendió la licitud del cobro de intereses en préstamos, contra el criterio de la Iglesia Católica de entonces.

Obras

Las principales obras de Martín de Azpilcueta, muy estimadas por teólogos y canonistas de todos los tiempos, son:

  • Manual de Confesores y Penitentes, publicado en Coimbra en 1553, obra que fue numerosas veces reproducida tanto en castellano como en latín. En 1569, aparecieron unas “Additiones al Manual”
  • De Usuras y Simonía, en las que el autor justifica la licitud de los préstamos con interés (1569, acompañanado a las “Additiones al Manual”).
  • Tratado sobre las rentas de los beneficios eclesiásticos, “De redditibus beneficiorum Ecclesiaticorum…”, que alcanzó numerosas ediciones a partir de su primera publicación en Valladolid (1566).
  • Comentario Resolutorio de Cambios.
  • Enajenación de las Cosas Eclesiásticas.
  • Comentario sobre los expolios de los clérigos.
  • Cuatro Comentarios de Regulares.
  • Tratado de las Horas Canónicas y de Oración.
  • Tratados del Rosario.
  • Silencio en el Oficio Divino.
  • Capitulo Inter Verba.
  • Capitulo Humanae Aures,
  • Tractatus de Finibus Humanorum Actuum,
  • Tratado de Penitencia,
  • Tratado de Indulgencias y Jubileo,
  • De Rescriptis,
  • Tratado de Juditiis, etc.

Sus obras completas se publicaron en Venecia (1598) bajo el título de “Compendium horum omnium Navarri operum”.

Bibliografía

Enlaces externos

Written by Albergues del Camino

agosto 6, 2009 at 7:59 am