Navarros Ilustres

Personajes ilustres en la historia de Navarra

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García de Eugui

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García de Eugui (n. Eugui, ? – † ?, ca. 1409) Fraile agustino, obispo de Bayona, confesor de Carlos II, el Malo y cronista navarro.

Autor de una Crónica d’Espayña y de la Genealogía de los reyes de Navarra, redactada como apéndice de la anterior, que va a constituir el primer intento de presentar una historia independiente de Navarra.

Biografía

Sin más datos que el proporcionado por su nombre se presume que pudo nacer en Eugui. Consta que en 1358, siendo ya fraile agustino, recibió del infante don Luis, hermano del rey Carlos II de Navarra, una limosna para que pudiera estudiar en Castilla, a donde volverá con alguna frecuencia, en alguna ocasión en misiones diplomáticas.

En 1370 se le documenta como prior de los agustinos de Pamplona y lector de teología a la vez que sirviendo al rey Carlos II en Normandía. Cinco años después, como compaignon y confesor del rey, se le otorgó una pensión anual de 30 francos de oro.

Eugui jugó un importante papel en la conspiración urdida por Navarra para apoderarse de Logroño en 1378, entregando en mano al adelantado Pedro Manrique los 20 000 florines a cambio de los cuales había de entregar la ciudad. Alertados los castellanos por Carlos V de Francia, rival de Carlos II, las tropas navarras fueron masacradas y el ejército castellano entró en Navarra sin serias dificultades. La invasión concluyó con el tratado de Briones, por el que el que el ejército castellano se asentaba en algunos de los principales castillos navarros, ejerciendo su control sobre buena parte de la merindad de Estella, y Navarra debía romper su alianza militar con Inglaterra y adherirse al papado cismático de Aviñón.

Eugui no se vio afectado por este fracaso ni perdió la confianza de Carlos II, que en años sucesivos le encomendó nuevas misiones en Castilla. Así en 1379 a Castilla “para ciertos negocios”, en 1383 “mandadería al rey de Castilla y al infante Carlos” y en 1385 se le envía también a Castilla para una embajada.

Al ser nombrado confesor del rey se le asignó una pensión de 100 francos anuales que en 1381 fue sustituida por el aprovechamiento de “los molinos, hornos, chapitel y almiradío de la villa de Echarri, que suelen tributar 70 libras de carlines prietos anuales”, bono vitalicio que solía cobrar puntualmente.

Por mediación de Carlos II, fue nombrado en 1385 obispo de Bayona por Clemente VII, aunque nunca llegaría a tomar posesión de la sede, controlada por los ingleses, partidarios de Roma, debiéndose conformar con administrar su reducida diócesis desde San Juan Pie de Puerto, al tiempo que proseguía con sus funciones de confesor y consejero en la corte. El 18 de setiembre de 1385 Carlos II concede a su confesor cierta cantidad para los gastos de la consagración.

El mismo año viajó a Castilla donde el infante Carlos, heredero de la corona de Navarra y decidido partidario del papado de Aviñón y de la alianza con Francia, negociaba con Juan I de Castilla el tratado de El Espinar, por el que Navarra vería mejoradas las condiciones impuestas en el tratado de Briones a cambio de que Carlos II pusiera fin a la neutralidad que venía manteniendo en la disputa cismática.

Como invitado a la mesa del rey asistió en 1386 a la firma del tratado de Estella, con la cuestión del reconocimiento del papa de Aviñón todavía pendiente. Un año después murió Carlos II y Eugui fue designado ejecutor testamentario y regidor del reino junto con al alférez de Navarra Charlot de Beaumont, cargo que desempeñó durante tres semanas, hasta el regreso de Carlos III desde Castilla.

Eugui continuó ejerciendo el cargo de confesor con el nuevo rey, Carlos III el Noble, quien en 1388 le confirmó vitaliciamente los diezmos de Echarri, asistisndo a su coronación el 13 de febrero de 1390. Su actividad en la corte, sin embargo, parece haberse visto reducida considerablemente hasta que el 26 de noviembre de 1398 Carlos III le nombra, junto con otros eclesiásticos y nobles, tutor de su hijo, autorizándoles para que, si al morir el rey fuera menor de edad el infante, presten en su nombre el juramento ante los tres estados y reciban la jura de los mismos.

En 1400 lleva en procesión a la iglesia mayor de Santa María de Pamplona, donde se colocaron las reliquias de un trozo del Lignum Crucis y una partecilla de la vestidura de Cristo, que el emperador Manuel Paleólogo, que había venido a Paris a solicitar ayuda contra el turco, había enviado al rey de Navarra. Al traslado asistió numerosísimo público y el rey mismo estuvo presente.

El último documento del Archivo General de Navarra que habla de García de Eugui es de 29 de noviembre de 1401 y en él García reconoce haber gozado puntualmente de los diezmos de la villa de Echarri-Aranaz.

Todavía en 1405, como obispo de Bayona, presidió los esponsales en Olite de Juana, heredera al trono navarro, y el primogénito del conde de Foix.

Debió de morir, en fecha ignorada, poco más tarde, pues en 1409 ya se había designado un nuevo obispo de Bayona.

Obra

Aunque existen dudas sobre su grado de implicación en la redacción, García de Eugui aparece asociado a la composición de la Crónica d’Espayña o «canónicas (…) delos fechos que fueron fechos antigament en España», en cuyas líneas iniciales se declara que dichas canónicas «fizo escribir el reverent en Ihesu Xristo padre don fray Garçia de Eugui, obispo de Bayona».

La crónica fue compuesta alrededor de 1387, año de la muerte del rey Carlos II de Navarra, última fecha que figura en el manuscrito, aunque su redacción pudo iniciarse algo antes, habida cuenta de la escasa información que contiene acerca de los últimos años de este monarca.

La crónica comienza con el esquema tradicional de las seis edades del mundo, interpolando fuentes bíblicas con el relato de las vidas de Hércules, Espan y Dido entre otros en su dimensión hispánica. La historia romana ocupa cerca de la mitad de la crónica, con especial atención a la Tercera Guerra Púnica y la Guerra Civil.

El período visigótico se aborda con fuentes diversas, lo que provoca un salto de un siglo y la incorporación de reyes visigodos, entre ellos un Wamba segundo, que no aparecen en las crónicas castellanas. Tras la muerte de Rodrigo, con un planteamiento también original y basado en fuentes desconocidas,Eugui dedica un pequeño capítulo a tratar «delos peccados delos godos por que fueron destruidos», seguido de una isidoriana alabanza «delos bienes d’Espayña», «tierra que Dios bendixo & a quien dio sus donos», y de otra breve sección dedicada a los «males que sufrio Espayña» gobernada por «linage ageno» tras la conquista mahometana.

La crónica sigue con el relato ordenado por reinados de los reyes de Asturias primero y luego de Castilla y León, hasta llegar al reinado de Alfonso XI de Castilla, concluyendo con la Genealogía de los Reyes de Navarra de Íñigo Arista a Carlos II, en un esfuerzo consciente por crear una historia de Navarra diferenciada, aunque poco original en su información.

Es precisamente esta parte, a pesar de su brevedad —ocho folios en el manuscrito más primitivo y completo de la Crónica— la que despertó sin embargo un mayor interés, conservándose con adiciones e independizada de la crónica general en nueve manuscritos por sólo dos completos, uno en la Biblioteca de El Escorial, de principios del siglo XV, y otro algo posterior en la Biblioteca Nacional de España, con menos errores de transcripción que el primero pero más castellanizado en su vocabulario, prescindiendo de algunos rasgos lingüísticos navarros presentes en el ejemplar de El Escorial.

Las fuentes principales para Eugui son la Estoria de España alfonsí y el De rebus Hispaniae del navarro Rodrigo Jiménez de Rada, si bien no en su versión original latina sino en la traducción del siglo XIII conocida como Estoria de los godos. Entre las fuentes secundarias, alguna desconocida, puede destacarse el Libro de las generaciones, probablemente tanto en su versión original en aragonés como en su traslación castellana, valiéndose de ella especialmente para la sección final junto con las dos fuentes principales.

Bibliografía

  • Orcástegui Gros, Carmen, «Crónica de los Reyes de Navarra de García de Eugui», Príncipe de Viana, nº 152-153 (1978), pp. 547-572.
  • Ward, Aengus, Crónica d’Espayña de García de Eugui, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1999, ISBN 84-235-1848-5
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julio 28, 2011 at 3:20 pm

Publicado en Historiadores, Religiosos

José Yanguas y Miranda

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José Yanguas y Miranda (n. Tudela, 15 de marzo de 1782 – † Pamplona, 25 de septiembre de 1863) Político, escritor e historiador.

José Yanguas y Miranda (Retrato de Muñoz Sola, Tudela)

José Yanguas y Miranda (Retrato de Muñoz Sola, Tudela)

De familia modesta -su padre era sobrestante en las obras del Canal Imperial de Aragón-, pudo realizar estudios primarios en el Seminario y en las Escuelas Pías de Zaragoza gracias a la protección del canónigo Ramón Pignatelli.

Careciendo su familia de los medios necesarios para que cursara estudios superiores, volvieron a Tudela y en 1796 entró a trabajar como amanuense en el Ayuntamiento , pasando a ser escribano del mismo el 13 de noviembre de 1806, el mismo día que cesó su anterior titular Manuel Arnedo.

Fue prisionero de Espoz y Mina (20 de mayo de 1812) que lo liberó mes y medio después. Fue síndico de Tudela en las sesiones de Cortes de Navarra de 1817, y durante veinte años secretario de la Diputación de Navarra, la nueva institución surgida tras el desmantelamiento del Reino, por la Ley de Modificación de Fueros de 1841.

De ideología liberal, padeció detención, encarcelamiento y exilio por constitucionalista durante los episodios de restablecimiento absolutista, sobre todo en 1823, permaneció encerrado en el convento del Crucifijo de Puente la Reina hasta el año siguiente en que le benefició el indulto real.

Marchó a Francia y tras volver del exilio en Bayona, donde había aprendido el oficio de relojero, abre en San Sebastián un establecimiento propio de este ramo en 1826. El 22 de agosto de 1830 regresa a su tierra, y poco después la Diputación le nombra Archivero de Navarra, realizando una fecunda labor como historiador y paleógrafo, que se vería plasmada en varios libros, y por encargo de la Diputación visitó archivos y bibliotecas, y verificó un exhaustivo estudio del archivo llamado “Le tresor de Pau”.

Entre noviembre de 1832 y julio de 1833 realiza una estancia en Madrid, durante la que solicita a la Reina la rehabilitación de las Leyes forales, y propugnó un sistema de funcionamiento de las Cortes de Navarra más parecido al de las Juntas de las provincias vascas. En Navarra era el inspirador de las tendencias liberales fueristas que, si bien reconocían la singularidad de la tradición foral, rechazaban las instituciones del Reino de Navarra porque pensaban que solamente podía garantizarse el progreso si Navarra entroncaba con el constitucionalismo español.

A la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, Pamplona quedó dominada por los isabelinos, lo que entre otras consecuencias, irrogó del servicio de varios empleados de la Diputación, que acordó el cese de su secretario José Basen y, en la misma sesión del 2 de mayo de 1934, proveyó el cargo interinamente a favor de Yanguas, bien conocido por sus ideas liberales; nombramiento que, tras una serie de vicisitudes, resultó definitivo en 1837.

Militó en contra del carlismo y, tras su derrota, apoyó con entusiasmo la Ley de Confirmación de Fueros de 1839. El Decreto Ley de 16 de noviembre de 1839 obligaba a elegir la Diputación en Navarra como las otras de España. La nueva Diputación Provincial quedó constituida con los siguientes miembros: Justo Galarza, Fermín Gamio, Lorenzo Mutiloa, José María Perez del Notario, Tomás Arteta, Bonifacio Garceta de los Fayos y Juan Pedro Aguirre y, como secretario, José Yanguas y Miranda. Todos juraron la Constitución española de 1837. Todo este proceso se realizó ignorando a las Cortes de Navarra y a la Diputación del Reino, únicas instituciones legítimas en ese momento, lo que suponía de facto la supresión del Reino de Navarra y sus instituciones.

Esta Diputación Provincial se pone de inmediato a negociar con el Gobierno de Madrid la adaptación del régimen foral a la “unidad constitucional”. Yanguas y Miranda participa activamente elaborando una redacción de bases y condiciones que presenta el 1 de abril de 1840. Es presentado en Madrid y comienza el periodo negociador llevado por Pablo Ilarregui, Fulgencio Barrera, Tomás Arteta y Fausto Galdeano. Tras diversas vicisitudes en las Cortes de Madrid es aprobada la Ley de Modificación de Fueros que entró en vigor el 16 de agosto de 1841. Desde 1834 (interinamente) y 1837 hasta su muerte, ocupó el cargo de Secretario de la Diputación Provincial, dedicado a consolidar institucionalmente el nuevo régimen, amparado por el largo periodo conservador en la política española hasta la revolución de 1860.

Yanguas ejerció la secretaría en momentos críticos de la historia de Navarra: guerra civil; cambios de Gobiernos y de Constituciones; pérdida de Navarra de la categoría de Reino para convertirse en una provincia foral, en todo lo cual intervino Yanguas, advirtiéndose la influencia de éste en la Diputación. Redactó los abundantes manifiestos y alocuciones que la corporación dirigió a los navarros a tenor de los acontecimientos políticos, y tomó parte activa en las gestiones que se efectuaron cerca del Gobierno de Madrid.

Yanguas desempeñó la secretaría de la Diputación hasta su muerte de la que la Diputación se dio por enterada en sesión del día siguiente, no preocupándose más que de nombrar a su sustituto, Valentín Urra, sin la menor constancia de gratitud y elogio para su antecesor. El Ayuntamiento de Tudela hizo justicia a sus méritos, y en sesión del 2 de octubre de 1863 destacó su abnegada labor y virtudes humanas de modestia y honradez y su categoría como recopilador, biógrafo e historiador de la provincia y acordó colocar su retrato en el salón de sesiones y celebrar un solemne funeral en la catedral en sufragio de su alma.

Dentro de su vida como intelectual fue también miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia (1841), de la Sociedad de Anticuarios de Copenhague, y responsable de la Comisión de Monumentos de Navarra.

Una semana después de su fallecimiento, el 2 de octubre de 1863, el Ayuntamiento de Tudela adoptó un acuerdo reconociendo “su abnegada labor y virtudes humanas de modestia y honradez y su categoría como recopilador, biógrafo e historiador de la provincia, y acordó colocar su retrato en el salón de sesiones y celebrar un solemne funeral en la catedral en sufragio de su alma“.

Escritor muy prolífico, publicó muy notables obras y, sin ser jurista, llegó a ser un excelente conocedor de los fueros y textos legales, tanto históricos como de su época. Tiene sendas calles en su memoria, en Pamplona y en su Tudela natal.

El político

Yanguas fue un liberal, constitucionalista exacerbado hasta el más acerado fanatismo.

Toda su vida asumió actitudes políticas; unas veces gozando de situaciones de favor y gloria, y otras padeciendo prisión, secuestro, pobreza, insultos, pleitos y procesos, el exilio y calumnias. Fue político devoto de Isabel II, con raíz nacionalista, factores no muy propicios en el momento para guardar una ortodoxia foral. Y, sin embargo, excepto en contadas ocasiones en que Yanguas claudicó en su navarrismo, mostrándole cierto desdén e incluso abjurando de él, la constante de su vida fue la defensa de los Fueros.

Su gran problema fue el cohonestar algo tan inconciliable como el liberalismo constitucionalista y racionalista, con un integrismo foral.

El escritor

Fecundo y polifacético, escribió obras literarias como Vida del Capitán D. Juan Lanas, (1845), novela de carácter realista e histórico; el Análisis apologético-crítico del juego llamado monte (1854), que es una crítica mordaz del juego fingiendo su apología; publicó -como costumbrista- algunos artículos como El candidato a Diputado a Cortes, en “La Época”, 1850, y El carnaval en Tudela. Los cipoteros, en 1842, en “El Semanario Pintoresco Español”, entre otros.

Sus obras históricas fueron documentadas y extensas, contándose entre otras la Historia compendiada del Reino de Navarra (1832), sencillo extracto de los Anales del P. Moret; Prólogo sin libro de la monarquía navarra y Apuntes sobre la sucesión a la Corona de Navarra, ambas en 1837-1838, con intención política, propugnando que no era la Ley Sálica aplicable a Navarra, y sosteniendo la legitimidad de Isabel II, de la que era un ferviente defensor; Historia de la conquista del Reino de Navarra por el Duque de Alba… (1842), y Crónica de los Reyes de Navarra, escrita por D. Carlos, Príncipe de Viana, (1842).

Como obras ejemplares de este género se encuentran el Diccionario de antigüedades, 3 tomos, 1840, completado con las Adiciones en 1843; cuya intención fue ilustrar la historia del país, reuniendo metódicamente las noticias de los documentos que había podido adquirir; el Diccionario histórico-político de Tudela (1823), y el Diccionario de palabras anticuadas, (1854).

Publicó otra serie de obras jurídicas teniendo en cuenta que llegó a dominar el manejo de fueros y leyes, sin la menor formación jurídica. No fue jurista y, sin embargo, dejó una notable obra jurídica.

En el año 1833 polemizó y refutó el Ensayo histórico crítico de la legislación de Navarra, del magistrado Zuaznavar, con la publicación de su Contrageringonza. Y tras ella editó el Análisis histórico-crítico de los Fueros de Navarra (1838); la Recopilación de las Leyes… de los Ayuntamientos constitucionales… (1841); el Proyecto de Catástros o estadísticas para los pueblos… (1842); y el Manual para gobierno de los Ayuntamientos de Navarra, (1846).

Pero su obra jurídica principal fue el Diccionario de los fueros y leyes de Navarra, del año 1828, en el que, por orden alfabético de materias fue resumiendo su contenido, anotando la procedencia del Fuero General, Novísima Recopilación o leyes de Cortes. Sobre las leyes recogidas no hace Yanguas exégesis alguna, ni tampoco asoma la menor intención dogmática, pero agota la nomenclatura profesional, siendo muy amplio en la extensión del término.

Fue un innovador. No aportó Índices sino que a los Índices les insufló una vida autónoma y les atribuyó un carácter independiente.

En su recuerdo y honor la ciudad de Pamplona dio su nombre a una de sus avenidas, la Avenida de Yanguas y Miranda.

Obras publicadas

  • Relación de los principales sucesos ocurridos en Tudela desde el principio de la guerra de Bonaparte hasta la expulsión de los franceses de España, folleto por el “Archivero Municipal de Tudela”, 1813 (reed. como anónimo: Zaragoza, 1967).
  • Diccionario histórico-político de Tudela, Zaragoza, 1823 (reed. 1828).
  • Diccionario de los Fueros del Reino de Navarra y de las leyes vigentes promulgadas hasta 1817-1818 inclusive, San Sebastián, 1828 (reed. Pamplona, Diputación Foral, 1964).
  • Historia de Navarra, San Sebastian, 1832.
  • La Contragerigonza, ó Refutacion joco-seria del “Ensayo histórico crítico sobre la legislación de Navarra” compuesto por D. José María Zuaznavar… (publicada bajo pseudónimo: Lcdo. Elizondo), Panzacola (sic, es Pamplona), 1833 (reed. Inst. Príncipe de Viana: Biblioteca de Derecho Foral nº 9, Pamplona, 1966).
  • Análisis histórico-crítico de los Fueros de Navarra, Pamplona, 1838.
  • Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra, Pamplona, 1840 (3 vols.: Tomo I A-J; Tomo II L-R; Tomo III S-Z), y Adiciones, 1843 (reed. Pamplona, Diputación Foral de Navarra, 1964 y 1978).
  • Crónica de los reyes de Navarra (primera impresión, editada por -), Pamplona, 1843.
  • Alerta a los navarros, Pamplona, 1843.
  • Vida del Capitán D. Juan Lanas, escrita por él mismo. Publícala D. J. I. M., San Sebastián, 1845 (obra anónima y la de mayor calado político).
  • Manual para el Gobierno de los Ayuntamientos de Navarra. Comprende todos los negocios y disposiciones legislativas que tocan a las facultades de dichos Ayuntamientos, y de la Diputación Provincial, reservadas en la ley de modificación de fueros de 16 de agosto de 1841, Pamplona, 1846.
  • Proyecto de catastros o estadísticas para los pueblos y provincias para la riqueza general del Estado, 1846.
  • Diccionario de palabras anticuadas de los documentos del archivo de Comptos de Navarra, Pamplona, 1854.

Bibliografía

  • Jerónimo Borao, Biografía, Don José Yanguas (1858)
  • José Ramón Castro, Yanguas y Miranda, (Pamplona, 1963); Id, Autores e Impresos tudelanos
  • Francisco Salinas Quijada, Estudios de Historia del Derecho foral de Navarra, (Pamplona, 1978); Id, Yanguas y Miranda. Su obra jurídica, en Diario de Navarra de 30 de marzo de 1982; Id, Un político foral (En el Bicentenario de Yanguas y Miranda), en “Diario de Navarra” de 28 de julio de 1982; Id, La “Contrageringonza” de Yanguas y Miranda, en “Diario de Navarra” de 2 de diciembre de 1982; Id, Los Diccionarios de Yanguas y Miranda, en Revista “Fiestas” (Tudela, julio de 1961)
  • Manuel Iribarren, Escritores navarros. De ayer y de hoy, (Pamplona, 1970)
  • José María Corella, Historia de la literatura navarra, (Pamplona, 1973)
  • Julio Segura Miranda, Tudela, Historia, Leyenda. Arte (Tudela, 1964)
  • Jesús Martínez Escalada, Historia de las calles de Tudela, (Tudela, 1974).

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julio 27, 2011 at 3:13 pm

José Moret

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José Moret y Mendi (Pamplona, 5 de julio de  1615 – † Pamplona, 12 de noviembre de 1687). Jesuita e historiador.

José de Moret y Mendi

José de Moret y Mendi

Hijo de destacada familia, fue bautizado en la iglesia de San Cernin. Sus padres fueron el licenciado Gonzalo de Moret y Agustina de Mendi, quienes gozaban de una desahogada posición, siendo nieto del entallador Pedro de Moret.

Moret ingresó en la Compañía de Jesús (el 9 de junio de 1629) y fue ordenado sacerdote. Sirvió como misionero castrense en las campañas que sostuvo España contra Portugal en 1641. Explicó filosofía en los colegios de Pamplona y Oviedo, y teología por seis años en este último, y en el colegio de Segovia.

Las Cortes de Navarra le designaron Cronista del Reino en 1654, siendo el primero en ostentar este título. Las Cortes comunicaron su designación a Moret y al provincial jesuita, P. Miguel de Arbizu, el 28 de mayo; Moret aceptó y agradeció el acuerdo desde Segovia el 10 de junio, el 20 de septiembre del mismo año firma en Pamplona la escritura de condiciones para desempeñar este cargo.

Las condiciones señaladas por las Cortes navarras al nuevo cronista eran:

  • éste debía escribir la historia de los hechos ocurridos en el reino desde los más remotos tiempos y para ello debía valerse de los documentos y autores más fidedignos, con especial atención a los testimonios de archivos navarros;
  • tenía que fijar su residencia en el reino, del que no podría ausentarse más de tres meses sin licencia previa de la Diputación;
  • el salario era de 200 ducados anuales durante los doce primeros años y de 150 los restantes; estas sumas debería cobrarlas por tercios;
  • rebatiría las opiniones falsas que dañaban la antigüedad y lustro del reino;
  • cada año, excepto los dos primeros, debía entregar algún cuaderno manuscrito;
  • y una vez incluida la Historia general, y entregada a la Diputación del reino, seguiría entregando los cuadernos que escribiera “y que sería Anales sobre las cosas particulares que viniesen en lustre de Navarra”. Todos estos originales debían archivarse.

En Pamplona, y mientras se entregaba a sus tareas de investigación, ostentaría también el cargo de Rector desde marzo de 1664 hasta mayo de 1671.

Falleció en Pamplona, a consecuencia de una caída, el 12 de noviembre de 1687, a los setenta y dos años de edad, cincuenta y ocho de Compañía y cuarenta y tres de profeso de cuatro votos, según se consigna en la carta necrológica que a raíz de su muerte escribió el rector del Colegio de Pamplona, Francisco de la Fuente.

En su memoria y honor el Ayuntamiento de Pamplona le dedicó una calle, la calle del Padre Moret

Obras

  • De obsidione Fontirabiae libri tres (Lyón, 1655)
  • Investigaciones históricas de las antigüedades del Reino de Navarra (Pamplona, 1665)
  • El bodoque contra el propugnáculo histórico y jurídico del Licenciado Cochillos (Colonia Agripina, 1667)
  • Congresiones apologéticas sobre la verdad de las Investigaciones históricas de las antigüedades del Reino de Navarra (Pamplona, 1678)
  • Anales del Reino de Navarra (Pamplona, 1684)

De obsidione Fontirabiae, o Sitio de Fuenterrabía (en 1638)

Dedicado a Martín de Redín y Cruzat, familiar suyo y prior de Malta en Navarra, va firmado en Segovia en los idus de abril de 1654. Es, pues, obra anterior al nombramiento de Moret como cronista del reino.

Describe, como sintetizó Altadill, “con fidelidad las varias situaciones de los sitiadores, las fortificaciones de los sitiados, el lugar de las batallas, los armamentos de los unos, las municiones de los otros” y la disensiones internas de los sitiadores, así como los festejos y diversiones de los cercados. P

ero por encima de ese detalle, el valor de la obra viene dado por el análisis de las causas; en ese sentido, como observó Cánovas del Castillo, Moret “no tardó en descubrir que la política guerrera, planteada de nuevo por Olivares, era hija exclusiva de la vanidad de éste, por aquello de que suele haber más escritores que hagan famosa la guerra que la paz”.

Se han dado diversos pies y fechas de edición, pero lo más probable, a juicio de Pérez Goyena, es que no hubo más edición, en vida de Moret, que la lionesa, salida de las prensas de Jean Couronneau. Es un volumen en 4°, de 467 páginas de texto más la dedicatoria, que van sin división de capítulos. La aprobación, de Miguel de Arbizu, lleva fecha de Valladolid, a 5.3.1655.

Un pamplonés, Manuel Silvestre de Arlegui, profesor de latinidad en Sangüesa, dirigió (1757) a las Cortes de Navarra, reunidas en aquella ciudad, un memorial con la traducción castellana del De obsidione, que juzgaba de interés editar en romance, además de enmendar las muchas erratas que advertía en la edición príncipe.

La Diputación acordó que el primer libro de Moret se reimprimiera a una con los Anales; pero no se hizo así. Fue seis años más tarde cuando apareció Empeños de valor y bizarros desempeños o sitio de Fuenterrabía que escribió en latín el Rm. P. Joseph Moret de la Compañía de Jesús. (Pamplona, 1763) Arlegui advertía en la portada que había añadido “algunas ediciones y notas”, como la relación de los defensores y, en el apéndice, las condiciones que ha de reunir la traducción.

La suya no es brillante, pese a lo que opinaba el censor, para quien el acierto fue tanto “que parece oímos al P. Moret en castellano”. Esta traducción se reimprimió con los Anales en 1890. Hay también edición facsímil de mil ejemplares (San Sebastián, 1968).

Investigaciones históricas de las antigüedades del Reino de Navarra

Fueron dedicadas por Moret en 1662 “a los tres estados del Ilmo. Reino de Navarra en sus Cortes Generales”. Éstas aprobaron la dedicatoria a la Diputación con los nombres de quienes la componían y que suprimiera la primera.

La Diputación volvió sobre su acuerdo en febrero de 1666. Para entonces ya había salido el volumen, dividido en tres libros y 31 capítulos. Los tres libros repasan la historia desde los orígenes a la invasión árabe, de ésta a la muerte de Sancho el Mayor y de éste a Sancho el Fuerte.

Moret estampó una “Razón de la obra”, en que explica cómo ha repasado y alquitarado las historias contemporáneas y, decidido a ser investigador antes que historiador, presenta un primer trabajo en que cimentar el posterior.

En este título Moret se mostró crítico y poco complaciente con algunas corrientes muy asentadas, y las reacciones no se hicieron esperar.

El bodoque contra el propugnáculo histórico y jurídico del licenciado Conchillos

Lo sacó a la luz fuera de España y anónimo. Es un tomo en 8°, de 224 páginas, construido como un diálogo entre un juez, Fabio, y dos testigos, Silvio y Marcelo, sobre los argumentos con que Conchillos había intentado rebatir a Moret, que rechazaba la fundación de Tudela por Túbal, nieto de Noé. Fabio, en la sentencia final, califica el libro del canónigo tudelano como “precipitado en esdrújulo”, “Propugnáculo frívolo, gárrulo y apócrifo”, además de declarar que “los discursos del licenciado Conchillos no son carne, ni pescado, sino de casta de huevos, que cuanto más se cuecen, salen más duros”.

Esta respuesta de Moret encendió más al tudelano, que contraatacó con su Desagravios del Propugnáculo de Tudela… El tono de esta contestación era tal que se elevó memorial al virrey al que solicitaban fuera recogido y quemado el folleto, como se hizo, tras sentencia del Consejo.

Congresiones apologéticas sobre la verdad de las Investigaciones históricas de las antigüedades del reino de Navarra

Es también una respuesta, pero de tono y bordo muy distintos al Bodoque. A raíz de las Investigaciones, el benedictino fray Domingo Larripa salió en defensa de la antigüedad del reino de Sobrarbe, superior a la concedida por Moret, y publicó Defensa histórica por la antigüedad del Reino de Sobrarbe (Zaragoza, 1675). A su vez, el texto del benedictino ocasionó otros, en términos similares, de Sancho de Abarca de Herrera y de Luis de Ejea y Talagero.

El libro de Moret, volumen en 4° de 548 páginas, fechado a 30.5.1677 en Pamplona, rebate en quince capítulos la tesis de Larripa y las de Briz Martínez, también historiador aragonés, al que había impugnado ya en las Investigaciones

Anales del Reyno de Navarra

Es, sin duda, la obra más importante del P. Moret.

El tomo primero estaba listo en mayo de 1674 y lo entregó, según los términos de su nombramiento, a los diputados de Navarra. Le aparecieron nuevos materiales y pidió que le devolvieran el original, cosa que hicieron en abril de 1675. En mayo de 1677 entregó el texto. Un año después pidió a la Diputación “que corra el velo y los muestre al mundo”.

Pero ese tomo inicial de la obra no salió a la luz hasta 1684. Es un volumen en 4°, de 836 páginas, dividido en 14 libros, que trazan la historia de Navarra desde los tiempos primitivos hasta Sancho el de Peñalén, más tres apéndices dedicados a la población y lengua primitiva de España, el año de entrada de los árabes en la península y la institución del Fuero de Sobrarbe.

El segundo tomo fue ya póstumo (1695). Moret lo dejó preparado a medias y el segundo cronista navarro, Francisco de Alesón, que había recibido los papeles de Moret en 1690, lo envió a las Cortes en julio de 1692. Alesón no revisó, según declaraba, la sustancia de la obra, pero sí retocó la disposición y añadió la documentación correspondiente al final de cada capítulo.

El tercer tomo, “obra póstuma y última del Padre Joseph de Moret” salió “con scholios y adiciones al fin del Padre Francisco de Alesón” en 1704, en Pamplona. Alesón recibió los borradores de Moret en 1701. Los encontró imperfectos. El Reino encareció al cronista que no innovara ni alterase en cosa alguna lo escrito por el P. Moret y que, en caso de hacerlo, advirtiese las variantes, como había sucedido en el tomo segundo; a la vez le advertía que los manuscritos de Moret habían recibido ya aprobación de las Cortes.

El tomo suma 420 folios y va dividido en 9 libros. Alesón, que no debió de aceptar las advertencias de buen grado, añadió, como va dicho, sus apéndices que suman 114 folios.

Aunque suelen correr como del P. Moret los cinco tomos que alcanzaron los Anales, Moret solo trabajó tres.

La segunda edición de los Anales, agotada la primera, la sacó el impresor Miguel Antonio Domench, pero no salió a la venta y es desconocida. Las Cortes de Navarra (Pamplona, 20.9.1757) recibieron informe tan desfavorable de la reimpresión que ordenaron el secuestro de los pliegos y planchas e incluso mandaron (19 de noviembre) recoger el juego de ejemplares enviado a Castilla para obtener la licencia del Consejo.

No fue fácil cumplir el acuerdo de Cortes, porque Domench había entregado un ejemplar al navarro Juan José de Esténoz, que de Cádiz iba a pasar a ultramar. Una vez reunidos todos los libros y materiales, se destruyeron y sepultaron con agua y veintidós cargas de cal en febrero de 1759, en un soterraño de la propia secretaría de la Diputación.

La tercera edición de los Anales es de 1766. Reproduce los cinco tomos, con distinta disposición, y la preparó el jesuita Joaquín Solano, que consignó las modificaciones en la advertencia estampada al frente del primero.

La división de capítulos y párrafos facilita la lectura, así como el índice que va al quinto tomo y la distribución de los libros; los 25 de los tomos de Alesón quedan en 7, tantos como reinados. En esto Solano sigue el criterio de Moret. El reinado de Sancho de Peñalén pasó del tomo 1º al 2°, el de Sancho el Fuerte, del 2° al 3º.

Las Investigaciones históricas y las Congresiones apologéticas ocuparon sendos tomos. La impresión de los siete tomos montó 7.878 reales y 26 maravedís, más la gratificación y regalos al P. Solano, que fueron cien doblones de oro, dos arrobas de chocolate y dos ejemplares de toda la obra.

La cuarta salió de las prensas de Eusebio López (Tolosa, 1890-1892). Comprende además de los Anales, las Investigaciones, Congresiones y versión romance del De obsidione Fontirabiae de Arlegui, un Ensayo apologético, histórico y crítico acerca del Padre Moret y los orígenes de la monarquía nabarra de Arturo Campión que cubre 96 páginas y va en el penúltimo de los doce tomos.

Campión argumenta que “la historia no ha sido, ni es, ni será imparcial nunca, ni jamás. La suprema imparcialidad sería la suprema indiferencia y ésta equivaldría a la suprema inteligencia” y concluye que “el obstáculo que en Moret se oponía a la imparcialidad era el patriotismo”. Hoy esta tesis es desde el punto de vista historiográfico inaceptable: la verdad es un norte irrenunciable, que no debe confundirse con el rigor crítico y éste no es incompatible con el amor a la patria correctamente entendido.

Entre los “errores hijos del patriotismo” advertidos por Campión en Moret están “el afán de retrasar el origen de la monarquía nabarra y de puntualizar la sucesión de los reyes primitivos; la facilidad en admitir la existencia de ciertos reyes fabulosos o muy problemáticos; la temeridad de ciertas conclusiones, arrancadas con ahínco, por la interpretación de determinados documentos y la condescencia para admitir su antenticidad cuando se compaginaban con tesis gratas, esbozadas a priori y cuya confirmación se perseguía”.

La quinta edición (Pamplona, 1987-1990), a cargo del Gobierno de Navarra, la ha cuidado el equipo dirigido por Susana Herreros Lopetegui.

De los Anales se hicieron dos compendios. Uno (Pamplona, 1732) por el tercer cronista de Navarra, el jesuita Pablo Miguel de Elizondo. El otro, (San Sebastián, 1832), más manual, lo preparó José Yanguas y Miranda.

El P. Moret dejó recogidos los materiales que había seleccionado para su trabajo entre 1655 y 1668. Altadill los describía como un volumen en 4° que contaría 1.800 ó 2.000 páginas, dividido en cuatro partes; memorias del Archivo de San Juan de la Peña (que incluía traslados del de Sorores de Jaca); 24 capítulos de archivos navarros; folletos y descripciones genealógicas y papeles sueltos y cartapacios de índices, en especial uno de Comptos.
En 1755 la Diputación instó al rector de los jesuitas a que buscase entre los papeles del P. Moret el manuscrito de un “Nobiliario de Navarra”, del que corría la voz. No se encontró nada.

La significación de Moret en la Historiografía navarra es descollante. No sólo es el primer cronista, encargado de dar brillo a las “antigüedades” históricas del reino, sino que es el primero en acercarse a las fuentes documentales con sentido crítico. No obstante, es hijo de su época y su obra, reflejo de los criterios dominantes. Así, sólo le interesa la historia política de los reyes, y no la económica, artística, cultural y social de los reinados; es reiterativo, a veces hasta la saturación, y no teme volver sobre puntos y aspectos ya expuestos y debatidos; peca de detallista y difuso; mecha la exposición con discursos y sentencias espurios y apócrifos, fruto de su invención sin base histórica, y no cuida de advertirlo; gusta del período largo y de sintaxis correcta, pero en ocasiones escarolada.

Moret cumplió su cometido como cronista, con arreglo a los puntos estipulados. El reino, no siempre. Ya en enero de 1660 Moret se quejaba de que se le debían casi cinco tercios, es decir veinte meses de salario y que vivía de préstamo. Hay otros cuatro memoriales en términos parecidos, el último de 1664, en que le debían dos años y medio. En 1678, al tiempo que urgía la publicación de los Anales ya entregados, recordaba que le adeudaban más de 1.200 ducados.

Hay en Moret una producción literaria menos conocida, a tal punto que Altadill ni la mencionó en su amplio estudio. Ya va dicho que el primer trabajo histórico del jesuita pamplonés lo redactó en latín, lengua que dominaba.

Así lo prueban dos muestras poéticas. La primera va inserta en el volumen de Horae succisivae del virrey Benavides (Lyon, 1660). Es una composición de 49 exámetros latinos que comienza: “Unde mihi novus hic ardor! Quae flamma medullis Aestuat, et placidam abrumpit vesana quietem?” y ensalza los versos en que el virrey cuenta la guerra de Lombardía y aventura que, de haber vivido en tiempos de Homero, hubieran subido las torres de Tebas y caído los muros de Troya: “meliore superba crevissent Theba, cecidisset Pergama plectro”.

También redactó Moret un oficio litúrgico de San Fermín, a instancias del Ayuntamiento de Pamplona (1680). El texto fue enviado a Roma, pero no logró la aprobación. Moret admitió en honor del santo leyendas acríticas, vestidas de elegancias literarias convencionales.

Bibliografía

  • J. Altadill, Biografía y obras del P. Joseph de Morete, cronista de Navarra (Pamplona, 1887).
  • A. Campión, Ensayo apologético, histórico y crítico acerca del P. Moret y de los orígenes de la Monarquía nabarra (Tolosa, 1892); también, con correcciones, “Euskariana”, 4.° serie, Algo de Historia (volumen 2.0) (Pamplona, 1905).
  • Pérez Goyena, “EBN”, II, 335-8, 436-8, 490-3, 511-2, 606-8; El P. José Moret, poeta latino  (1948), 39-55.
  • J.R. Castro, Historiografía. Los cronistas Moret y Aleson, n.º 119 . , Actas de Cortes, vol IX; Actas de Diputación, vol. VII, XVII y XIX; Sección de Historia, leg 2.
  • Pérez Goyena, Algunos libros en que se inspiró Moret para sus Anales, “La Avalancha”, XLI, n.º 964 (8-6-1935), p. 164-166.

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julio 10, 2011 at 9:38 am

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Hilario Sarasa Suescun

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Hilario Sarasa Suescun (n. Burguete, 1831 – † Pamplona, 5 de noviembre de 1910) Eclesiástico e historiador.

Hijo de Juan Manuel Sarasa, conocido general carlista.

Se doctoró en Derecho Civil y Canónico y fue Contador de la Real Colegiata de Roncesvalles de 1869 a 1875, año en que se hizo cargo de la biblioteca capitular.

En 1878 publicó en Pamplona Roncesvalles, reseña histórica de su real casa y descripción de su contorno. (Pamplona, Imprenta provincial, 1878 [1.ª edición] y Madrid, 1904 [2.ª edición])

En 1902 fue nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia; el Toisón de oro que se le concedió lo donó al tesoro de Roncesvalles. Tamibén a partir de 1902 fue vocal de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra.

Sobre su obra, el crítico que bajo el seudónimo de Lizarra colaboraba en un diario local, al poco de fallecer Sarasa escribió en los siguientes términos:

«Enamorado de todo cuanto con la Historia de Navarra se relaciona, paciente rebuscador y escrutador de polvorientos manuscritos y obcesionado especialmente por una idea, la de estudiar la historia de la Real Casa de Roncesvalles, desde su fundación hasta nuestros días, historia que, á pesar de ser tan brillante y tan dilatada, pues dicha casa poseía, allá en mejores tiempos para Navarra, grandes predios en Inglaterra, es muy pococonocida y lo era mucho menos antes de que D. Hilario Sarasa, pusiera sus manos en ella, por permanecer poco menos que en el olvido el manuscrito del licenciado Juan Huarte (1617), citado por Méndez en los Viajes del P. Flórez, el ilustre finado examinó, estudió y compulsó para escribir su obra, donaciones, cartas reales, bulas y otros muchos documentos que
se conservan en el rico archivo de la casa que tuvo por prior, el que después fué obispo de Badajoz y arzobispo de Valencia, D. Francisco de Navarra.

Con ingenuidad que le honra declara que los justificantes se hallan mencionados unos en la Historia general de España, otros en los Anales de Navarra, algunos en el Diccionario del señor Yanguas, y muchos en la Historia del licenciado señor Huarte.

No obstante hay que reconocer que la obra abunda en apreciaciones personales, muy puestas en su punto y muy patrióticas, no faltando á veces la santa indignación que todo buen hijo debe sentir en su alma al ver cómo se ha vilipendiado á su madre adorada.

Las impresiones de la niñez y los gratos recuerdos que sintió y evocó en Roncesvalles, aguijoneáronle al estudio de su historia, y lo que en un principio había sido reunido para instrucción personal, acabó por formar un libro de 224 páginas, que debió tomar cuerpo principalmente cuando el autor en 1869 fué nombrado administrador-contador de Roncesvalles.»

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agosto 14, 2009 at 8:43 am

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Francisco Polit González

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Francisco Polit González (n. Burguete,  1829 – †  Pamplona, 3 de diciembre de 1894) Eclesiástico e intelectual.

Cursó estudios de Teología en el Seminario de Pamplona, excepto el último año, que realizó en Valencia, donde alcanzó el grado de Doctor en Teología.

Una vez ordenado sacerdote volvió al Seminario de la Pamplona, donde fue profesor de Teología, Ética, Lógica, Matemáticas y Filosofía, ocupando después los cargos de vicerrector y rector.

Fue Vocal de la Comisión de Monumentos de Navarra y miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.

Fue Prior de la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles de 1866 a 1887; renunció a dicho cargo en 1887, incorporándose, como Canónigo, al cabildo de la Catedral de Pamplona, al que estuvo adscrito hasta su muerte.

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agosto 14, 2009 at 8:19 am

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Rodrigo Jiménez de Rada

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Rodrigo Jiménez de Rada o Ximénez de Rada, (n. Puente la Reina (Navarra), 1170 – † Lyon (Francia), 10 de junio de 1247) fue un eclesiástico e historiador navarro. Arzobispo de Toledo y Primado de España.

Biografía

Retrato de Rodrigo Jiménez de Rada.

Retrato de Rodrigo Jiménez de Rada.

Se educó en Bolonia (Italia) y París, donde adquirió una amplia cultura. De vuelta a España, fue Obispo de Osma (1208) y arzobispo de Toledo (1209). Defensor de la primacía de la sede toledana, puso la primera piedra de la nueva catedral de estilo gótico.

Desde Toledo influyó notablemente tanto sobre Alfonso VIII como sobre Fernando III. Tomó parte en la preparación diplomática de la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), contra los almohades, en la que participó personalmente y de la que fue cronista.

En 1214 el rey le donó el Castillo del Milagro y su territorio comprendido entre el Puerto de los Yébenes al puerto Marchés y de aquí hasta el río Estena, Abenójar y las hoces del Guadiana, el campo de Arroba y Alcoba, Robledo de Miguel Díaz, el Sotillo de Gutier Suárez, y las Navas de Ancho Semeno. A este territorio le agregó el 7 de noviembre el villar de Pulgar.

En 1217 recibió de manos del papa Honorio III el encargo de organizar la cruzada de todos los reinos cristianos contra los musulmanes, en calidad de legado pontificio. Fracasó en sus expediciones contra Cáceres (1217) y Requena (1218).

En 1231, siendo vasallo de Fernando III de Castilla, conquistó con sus huestes Quesada y Cazorla (en la actual Jaén). Tras la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón (1238), reclamó la jurisdicción de Toledo sobre esta ciudad.

Falleció en Lyon, de regreso de un viaje que había hecho para visitar al papa Inocencio IV.

Obra historiográfica

Además de eclesiástico y hombre de armas fue historiador. Su obra más conocida es De rebus Hispaniae, también conocida como Cronicón de las cosas sucedidas en España, Historia gótica o Crónica del toledano, en la que se describe la historia de la Península Ibérica hasta 1243. Realizó la primera crónica de la legendaria Batalla de Clavijo. También escribió una interesantísima Historia arabum, excepcional en la época por su atención a la cultura arabo-islámica.

Fundamentalmente su mérito reside en que utilizó un método crítico como historiador, cuestionando inteligentemente sus fuentes, haciendo uso de la documentación, recurriendo a fuentes árabes para contrastar sus datos (aspecto sumamente valioso pues entonces solo la historiografía árabe prestaba aprecio al ámbito económico y social).

Su De rebus Hispaniae, que sigue el modelo de la Crónica najerense, se convirtió en fuente de primer orden para la Estoria de España de Alfonso X el Sabio. La obra fue pronto traducida al romance y, por estas dos vías, influyó enormemente en la concepción de una historia de España unitaria dominante hasta el siglo XV.

Bibliografía

  • José Ramón Castro Álava. Don Rodrigo Ximénez de Rada. Fondo de Publicaciones del Gobierno de Navarra. Pamplona, 1980.
  • Francisco Javier Pérez de Rada y Díaz Rubín, Marqués de Jaureguizar. El arzobispo don Rodrigo Giménez de Rada. Pérez de Rada, Javier ed. Madrid, 2002.
  • Alan D. Deyermond, Historia de la literatura española, vol. 1: La Edad Media, Barcelona, Ariel, 2001 (1ª ed. 1973), págs. 152-153. ISBN 843448305X
  • Pick, Lucy. Conflict and Coexistence: Archbishop Rodrigo and the Muslims and Jews of Medieval Spain. Oxbow Books: 2004. ISBN 0-472-11387-9.
  • Morer de Torla, Benito Crónica : additiones a de rebus hispenaie de Rodrigo Jiménez de Rada Onyx 21 Editorial; Prensas Universitarias de Zaragoza ISBN 10: 84-96269-34-5
  • Mantilla de los Ríos y Rojas, María Socorro … [et al.] Vestiduras pontificales del Arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada, s. XIII Ministerio de Cultura. Publicaciones, 1995 ISBN 10: 84-8181-105-X

Publicaciones

  • Historia arabum Universidad de Sevilla. Secretariado de Publicaciones, 1993 ISBN 10: 84-600-6014-4
  • Historia de los hechos de España Alianza Editorial, S.A., 1989 ISBN 10: 84-206-2587-6
  • Opera Anubar Ediciones, 1986 ISBN 10: 84-7013-010-2

Enlaces

Written by Albergues del Camino

agosto 11, 2009 at 2:34 pm

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