Navarros Ilustres

Personajes ilustres en la historia de Navarra

Cipriano Barace

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Cipriano Barace Mainz, (n. Isaba, 5 de mayo de 1641 – † Bolivia, 16 de septiembre de 1702), misionero jesuita y mártir.

Hijo de Pedro Barace Sumarguillea y María Mainz. Cursó estudios primarios en la escuela de Isaba. En esta etapa de su vida estuvo a punto de morir en dos ocasiones; la primera cuando unos pastores le quisieron matar al atribuirle el incendio de una borda. La segunda durante unas inundaciones, cuando estuvo a punto de morir ahogado en el río.

Monumento a Cipriano Barace en la ciudad de Trinidad

Monumento a Cipriano Barace en la ciudad de Trinidad

Con la ayuda de su hermano Pascual, también religioso, marchó a Valencia a hacer estudios de Filosofía y Teología, que le permitieron años después ser nombrado beneficiado de la parroquia de Isaba. Llegó un momento en que su hermano ya no podía ayudarle más y tuvo que emplearse en casa de un médico como preceptor para poder terminar sus estudios de Teología.

Su vocación religiosa le hace alistarse en la Compañía de Jesús, a imitación de San Francisco Javier por quien Barace sentía una gran admiración.

A los 29 años Cipriano elige y viaja a la provincia jesuita del Perú, siendo ordenado sacerdote en Lima el 11 de junio de 1673. Según una descripción de 1672 que se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla (Contratación 42-5-8), su aspecto físico era el de un hombre con “buen cuerpo, blanco, algo rubio, señales de heridas sobre ambas cejas…“.

En 1674, después de haber pedido ir a las misiones de Chile, fue enviado a Mojos, en el Alto Perú, donde los jesuitas meditaban fundar misiones.

El 28 de julio de 1675, acompañado del Padre Pedro Marbán y del hermano José del Castillo, con un indio mojo como intérprete, salió de Santa Cruz de la Sierra en una canoa, por el río Guapay abajo, a adentrarse y explorar los llanos de Mojos, la actual Bolivia. Se encontraron con un país inmenso, donde la gente vivía dispersa, con familias separadas por odios profundos, que se negaban a convivir formando poblados. A su vez las diversas naciones se odiaban entre sí y no mantenían relaciones comerciales entre ellas. A todo este desorden social se agregaba el clima, las inundaciones casi permanentes, las diversas lenguas, las distancias y la pobreza.

Empezó a explorar los ríos Mamoré, Itenes, Bení y otros afluentes del Madeira, a su vez afluente del Amazonas. En aquel territorio fundó la primera población indígena con indios moxos, a la que bautizó con el nombre de Loreto (25 de marzo de 1682). En este tiempo su compañero y superior, el Padre Marbán, compuso la primera gramática de la lengua moja.  Tras cinco años de enfermedades y pobres resultados es enviado a territorio de los indios chiriguanos en la actual Paraguay, donde tampoco obtuvo éxito en sus esfuerzos. Es enviado a Santa Cruz donde pasó el tiempo muy ocupado aprendiendo a tejer y a armar un telar que más tarde había de introducir en Mojos.

Así, vuelve al territorio de los moxos de Bolivia, después de haber estado cierto tiempo, aunque sin provecho alguno, entre los indios chiriguanes, a donde llega con grandes ideas de organización y donde se lanza a la creación de misiones por todo el norte Boliviano. Organizó a las familias en pueblos de 500 a 600 habitantes y fundó su primera misión el día 25 de marzo de 1682 con el nombre de Nuestra Señora de Loreto. En 1687, “doce leguas río abajo de Loreto”, crea la actual ciudad de Trinidad, cabeza del departamento actual de Bení.

Con el crecimiento de los pueblos surgió el problema del abastecimiento. Los indios alegaban que las tierras vecinas no podían alimentar a tanta gente reunida y el Padre Barace se percató del peligro que amenazaba a su ciudad. Expuso a su superior la idea de traer ganado, semillas, arados y otras cosas útiles para la misión. Acompañado de un puñado de indios se fue río arriba luchando contra la corriente del Río Grande. En Santa Cruz de la Sierra recorrió las casas de los hacendados y con limosnas que obtuvo de los españoles, reunió hasta 200 reses para trasladarlas hasta Loreto y Trinidad..

El cómo llevar los animales hasta Loreto era un problema casi insoluble. Bajar más de 400 kms. río abajo era tarea arriesgadísima en aquel tiempo, sin otro medio que las frágiles piraguas de los indios en aguas plagadas de caimanes. Aquí surgió el «mayoral y vaquero» que llevaba adentro y emprendió la marcha terrestre hacia Loreto. Tuvo que desaguar ríos, atravesar pantanos, romper selva, repuntar el ganado que quería volverse y luchar con los indios que le abandonaban. Su tenacidad era admirable. El Obispo de La Paz, contemporáneo suyo, D. Nicolás Urbano de la Mata nos dice en su valioso libro: «Ibase quedando solo el ganado, el Padre, con increíble tesón lo rodeaba, metiéndose a veces hasta la rodilla en los pantanos y lodazales». En 54 días de marcha llegó a Loreto con 84 cabezas de ganado vacuno. Este se multiplicó de tal manera que hoy día el departamento de Bení cuenta con dos millones de cabezas, descendientes de las que llevó el Padre Barace.

Tras recorrer unos 500 kilómetros llegó a su destino, Loreto, muerto de hambre y de sed, después de 54 días de caminata y con tan sólo 86 reses. Entró en el poblado sobre el toro madrina, que era el que abría paso a la manada. No obstante, aquellas reses fueron suficientes para multiplicarse y en poco tiempo los moxos pudieron comer carne de vaca y utilizar a estos animales en las tareas agrícolas. Todavía hoy a esta ruta que empleó Cipriano se le conoce con el nombre de Camino Barace.

La ciudad de Trinidad  le dedicó una plaza el año 1925, en atención a su memorable marcha internando en la comarca amazónica de Bolivia las primeras cabezas de ganado vacuno. Puesta en marcha la reducción de Loreto, su inquietud misionera y exploradora lo llevó a 14 leguas al norte del río Mamoré a un lugar solitario donde un indio vivía en una cabaña. Fue bien acogido y alojado en medio de la gran pobreza del lugar. Pronto empezó a recorrer los alrededores y a ponerse en contacto con los indios, pescando y cazando con ellos para poder subsistir. Con gran esfuerzo consiguió atraer a algunas familias para que hicieran un pueblo en aquel lugar que él había elegido. Pero como muchas familias estaban divididas por odios profundos empezó la ardua labor de conciliación, haciendo de hombre bueno. Sus negociaciones tuvieron éxito y logró pacificar a las gentes que consintieron en vivir formando una ciudad que él mismo trazó. Los organizó en familias con su cabeza autoritaria, juez, alcalde, policías y otras autoridades.

Antonio de Orellana -biógrafo del padre Barace y superior suyo en el momento de su martirio-, en la obra Compendio de la vida del padre Cipriano Barace escrita al año siguiente de su muerte, lo describe como “un personaje ungido de santidad, aventurero, bondadoso, optimista, confiado, desprendido y entregado a la salvación de los indígenas”.

Formó agricultores con arado, ganaderos, herreros, carpinteros, tejedores. Construyó una iglesia de tres naves, con curiosas maderas talladas, de la que fue arquitecto y obrero. A esta ciudad la llamó Santísima Trinidad, y hoy es la capital del Bení. Cuando tuvo dos mil habitantes empezó a catequizarla. En la fiesta de San Francisco Jabier del año 1896 se hizo una solemne fiesta, con altares en la plaza, adornados por los indios con palmeras y pájaros vistosos, cohetes y músicas. La ciudad llegó hasta cuatro mil habitantes y el Padre Barace llegó a reformarles los bailes «tocándoles una bigüela, a cuyo concertado son los ensayaba en algunas mudanzas» (D. Nicolás Urbano, Obispo de La Paz). Compuso canciones religiosas en lengua moja cuyos sones se oyeron muchos años por calles y plazas. Pero en lo que más insistía el Padre era el rosario y en la frecuencia de los Sacramentos. Esta práctica constante iluminaba la vida espiritual de los mojos que llegaron a ser los más fervorosos cristianos del oriente boliviano.

Su espíritu explorador le llevó a descubrir la antigua ruta de los incas llamada de Coroyco, que acortaba el camino de Lima de 40 jornadas en 15. Para ello tuvo que realizar, acompañado de indios, cuatro expediciones sucesivas, descubriendo a los indios caches y el paso para el Virreinato de Lima. Cuatro años de esfuerzos con tres derrotas y fama de haber perecido en la empresa. Pero volvió sano a Trinidad, donde se le recibió casi como a un resucitado. Para conocer aun someramente los trabajos del P. Barace basta leer la obra citada del Illmo. D. Nicolás Urbano de la Mata, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Chile. El P. Barace hizo jornadas durísimas por terrenos tan húmedos que no se podía encender fuego alguno, por barrancadas tan fragosas que tuvo la feliz idea de fabricar almadías como las de su tierra. Tuvo que «valerse de la industria, buscar algunos palos, que entretejidos unos con otros sirviesen de mal segura barca».

El primer Diccionario francés de Historia Eclesiástica atribuye a Barace (“de patria isabense” que dicen los documentos de la época) la fundación de al menos quince puestos de misión y el bautismo de al menos 11.000 indios.

Desués algo más de 25 años trabajando con los moxos y otras tribus como los cirionenos, tapacuras, guarayanos o moremonos, el 17 de agosto de 1702 sale de Trinidad, acompañado de cuatro indios y una mula, para adentrarse en territorio de los baures con quienes llegó a establecer una buena relación de amistad. Pero las guerras tribales entre ellos generaron una situación difícil de la que ya no pudo salir.

Así, el 16 de septiembre de 1702, cuando pasaba por una zona pantanosa en su camino hacia una de las misiones, se encontró con un grupo de indios armados con arcos, flechas y macanas. Dispararon sobre él una lluvia de flechas hiriéndole en el muslo y en el brazo; uno de ellos, a la vez que le arrebataba la cruz le daba un mortal golpe en la cabeza con su macana, acabando así con su vida a los 61 años de edad, 27 de ellos dedicados a evangelizar y a proteger a las diferentes tribus del Alto Perú, el actual estado boliviano del Beni.

Las aventuras y penalidades que sufrió a lo largo de los 27 años que pasó como misionero, son inimaginables. Leer su biografía es entrar en la vida de un tipo de hombre que en la actualidad es difícil imaginar: aventurero, comerciante, médico y cirujano, arquitecto, explorador, ganadero, escritor, relaciones públicas, etc.

Como escritor aparece Cipriano Barace en la «Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús» con las siguientes obras y relaciones:

  • Misión de los Mojos. Publicada en francés también como Mission de Moxes.
  • Arte, vocabulario, confesionario, catecismo y cantos sagrados en lengua moja, en el n.° 879 de la Biblioteca de lenguas indígenas de América.
  • Estado floreciente de las Misiones de Mojos y sus vecinos. Experiencias y correrías a varias naciones de infieles, vecinas a los Majos.
  • Del gran fruto que se hace en el pueblo de San Javier de los Coseremonos.
  • Costumbres y vida de los indios Chiriguanos, con algunas apuntaciones sobre su lengua.
  • Fundación de la misión de Nuestra Señora de Loreto de los indios Majos.
  • Del nuevo pueblo que acaba de fundarse en Mojos bajo la advocación de la Santísima Trinidad.
  • Memorial de las esperanzas que hay de introducir nuestra Santa Fe en la nación de Chapacuras.
  • Cánticos en honra de la Virgen Nuestra Señora en lengua castellana y moja, para uso de los indios.
  • Existe también una Relación de la Provincia de Mojos conservada en el Archivo Romano de la Compañía de Jesús (Mss. C. V. 50). Está firmada por los misioneros Pedro Marbán, Cipriano Barace y José Castillo.

Cipriano Barace tuvo la virtud -reconocida todos sus biógrafos, de ser plenamente aceptado por la población indígena a pesar de haber irrumpido en sus territorios en plena época colonial. Aprendió la lengua y respetó las costumbres de los indios moxos y otras tribus, e hizo de su territorio un espacio de hombres libres después de haberse enfrentado con dureza a los colonos que querían esclavizar a los indígenas. La introducción de la ganadería hasta esa zona no sólo les permitió sobrevivir entonces, sino todavía hoy, pues en la región del Beni la ganadería es el motor económico de la zona.

Es curioso observar cómo hoy, los ganaderos del Beni se han agrupado creando un movimiento anti-globalización al que han denominado Fundación Cipriano Barace.

Barace es reconocido por todos los sectores de la Iglesia como una referencia a imitar. Actualmente está en proceso de beatificación.

Bibliografía

  • Urbano de Mata, Nicolás: Relación Summaria de la Vida y Dichosa Muerte del V. P. Cypriano Barace de la Compañía de Yesus, muerto a manos de Bárbaros en la Mission de los Moxos de la Provincia del Perú.
  • Vaca Chávez, Fabián: Monografía del Bení (Incluida en «Bolivia en el primer Centenario de su Independencia», La Paz, 1925).
  • Manuel V. Ballivián: Demarcación de límites con los Estados Unidos del Brasil.
  • Abel Iturralde: La Paz. Cuestión de límites entre Bolivia y el Perú.
  • Alcide D’Orbigny: La Paz, 1897.
  • Fragment d’un voyage au centre de l’Amerique Méridionale. París, 1845.
  • Diego Francisco Altamirano, S. J. Historia de la Misión de los Mojos. La Paz, 1891.
  • Antonio Astrain, S. J.: Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España (T. VI). Madrid, 1920.
  • Javier Eder: Descripción de los Mojos en el reino del Perú…, traducida por el P. Nicolás Armentia en 1888 y publicada en La Paz.
  • Escalada, F.: El misionero jesuita Cipriano Barace, mártir de Cristo. En «Erronkari», de B. Estornés Lasa. Zaragoza, 1927.
  • Orellana, A.: Relación de la vida y martirio del P. Cypriano Barace. Madrid, 1711.
  • Valeriano Ordóñez, S. J: Barace de Isaba, Temas de Cultura Popular n.° 21. Diputación Foral de Navarra. Pamplona, 1968.
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Written by AC

septiembre 1, 2009 at 6:52 am

Publicado en Exploradores, Religiosos

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